La última edición del año de Cuadriga, un “talk show” de discusión internacional de la cadena de televisión alemana DWTV, describe al 2008 como un año maldito. El 2008 se merece este adjetivo por la crisis económica mundial que nos afecta. Es entonces que pienso que el año es maldito por un problema maldito.
Los problemas malditos o “wicked problems” es un termino utilizado en la planificación para catalogar una serie de problemas que por su interrelación e incertidumbre se vuelven difícil de definir y de intervenir. Los problemas malditos puede ser síntomas de otros problemas, pueden ser explicados de muchas maneras y cada solución a aplicarse puede traer consigo más problemas. Estas son parte de las características que enumeran Horst Rittel y Melvin Webber en el artículo “Dilemas in a General Theory of Planning”.
La crisis económica mundial tiene muchos factores. Su orígenes pueden ser atribuidos a la crisis del mercado hipotecario, desconfianza de los banco para hacer préstamos interbancarios, al alza sufrida por los precios del petróleo o a todas las anteriores. Todos estos problemas son síntomas de un problema mayor.
En Puerto Rico los problemas económicos abundan. Lo triste de la realidad es que las herramientas para tratar de intervenirlos no se encuentran disponibles. El gasto público es una de las iniciativas que se utilizarán alrededor del mundo para mover la economía. Grandes inversiones en infraestructura crearan empleos y efectos multiplicadores en otros sectores. Con un gobierno casi en bancarrota, Puerto Rico no tiene esa opción. Como en un buen problema maldito, las alternativas de intervención pueden ocasionar más problemas. Salvar al país de la bancarrota requiere la reducción de gastos, posiblemente con el despido de empleados públicos. Las masas de personas desempleadas podrían afectar desde el consumo, dejarían de pagar sus hipotecas y hasta podrían requerir servicios de asistencia social del gobierno.
La otra opción es aumentar los impuestos. Ja! ¿Pero qué impuestos aumentar? Pueden aumentar los impuestos a las empresas multinacionales o a los consumidores con un aumento al Impuesto de Ventas y Uso (IVU). Ambas tendrían efectos negativos, mucho menos la primera que la segunda. Aumentar el IVU reducirá el consumo, el cual es parte importante de las cuentas nacionales. Esta reducción también puede traducirse en perdida de empleos en el sector de servicios. Pero esto del consumo es algo difícil de predecir. Mientras que las cadenas norteamericanas en los Estados Unidos tiran la casa por la ventana y hasta cierran tiendas, los datos de ventas para Puerto Rico aumentaron en un 5% comparado con el año anterior. Tomando esto como el gancho se podría aumentar el IVU para reducir los impuestos a las empresas. La reducción de los impuestos se ve también como una forma de generar inversión y empleos en la empresas privadas. Esta última opción es algo típico de la ideología conservadora. El mejor caso es el anuncio hecho por la Canciller alemana Angela Merkel en su mensaje de Vísperas de Año Nuevo. “We will ease the burden on all who pay taxes and contributions”, afirma Merkel. Pero hay que subrayar el “All”, reducción de impuestos para todos. Aquí lo que puede amenazar es un caso de Trickledown economics.
“Decisiones, todo cuesta”…
Los problemas malditos no tienen un periodo de caducidad. Lamentablemente este nos seguirá hasta el 2009.
Sólo nos queda hacer del 2009 el mejor año posible.
¡Feliz Año!




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