Si algo recuerdo claramente de mis primeras clases de economía en la UPR es la definición de ahorro y crédito. Ambas son muy simples. El ahorro trata del sacrificio del gasto presente por el gasto gasto futuro y el crédito es lo contrario, gasto presente que sacrifica al gasto futuro. Si guardas dinero ahora tendrás para gastarlo después y si gastas lo que no tienes ahora te tienes que sacrificar y pagarlo después, impidiendo que gastes en otras cosas. Bueno, suena básico, ¿no?
Pues mucha gente no tiene el beneficio de tener información básica de instrumentos y servicios financieros lo cual lleva a decisiones equivocadas que pueden afectar a las personas a largo plazo. Fue mi experiencia trabajar en explicarle a una persona que es un sobregiro de una cuenta de cheques. Muchas veces la persona que se sobregiran por primera vez y que no sabe lo que es, toma el asunto como un esquema de la institución bancaria por defraudar al cliente al prestarle dinero que no pidió y cobrarle por hacerlo. Las tarjetas de créditos son cosas aun más complicadas y muchos, hasta los que tenemos educación sobre el asunto, abusan de ellas.
Una de las observaciones de los comercios durante el pasado viernes negro fue que las compras hechas fueron con tarjetas de crédito. ¿En realidad nos hace falta un televisor plasma de cuchucientas pulgadas o es más bien un lujo? El lujo vs. lo necesario es uno de los conceptos que explicaron un corresponsal de The Economist junto a otros voluntarios en unos cursos de educación financiera ofrecidos durante la semana en un albergue de mujeres sin hogar en Nueva York.
Aquí como en EE.UU. la educación financiera debe ser parte del currículo de la educación pública. Eso puede que sea una tarea difícil que conllevaría tratar de que la juventud entienda que es mejor comprarse unas tenis de $40.00 y no unas de $112.00, y que al mismo tiempo guarden la diferencia en una cuenta de ahorros. La cultura del bling-bling y de las compras navideñas no son el mejor ejemplo.





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